martes, 28 de noviembre de 2017

Y EN ESE INSTANTE SIENTES QUE SOMOS INFINITOS

En la actualidad que vivimos pasan dos cosas: ahora a la felicidad se le llama aparentar, parece que cuando algo bueno nos pasa lo único que nos preocupa es poder demostrarle al mundo que lo somos, enved de disfrutarlo. Y eso solo cuando ocurren cosas buenas, por grandes o pequeñas que sean.
Porque otra de las cosas de esta triste actualidad en la que vivimos, es que cuando algo malo ocurre, solo nos centramos en ello.
Y es que a veces vivimos el día a día y solo nos fijamos en lo malo que nos puede ocurrir, también por grande o pequeño que sea el problema. Parece que no hay una salida, ¿y sabéis que? Una amiga una vez me dijo una frase: "El mundo no se para por nadie."

Y es que resulta que ya nadie lucha por superar lo malo ni disfrutar lo bueno. Hoy quería escribir esto para compartirlo con las personas que piensan como yo y que aun luchan, y del mismo modo para las que ya no quieren hacerlo, personas que viven sin valorar los momentos que realmente te hacen sentir vivo. Porque al final la vida se basa en esos momentos, y en saber vivirlos con la mayor intensidad posible. Vivirlos hasta tal punto de sentirte completamente infinito, viviendo el presente y el minuto que tienes delante, porque al fin y al cabo, ni el pasado ni el futuro existen.

¿Que a que me refiero? A muchas cosas...

Al te quiero de tu madre o de tu padre con una sonrisa entrañable.

A las carcajadas sin limite con las personas que quieres mientras os miráis.

A la primera vez que haces o sientes algo.

A las reuniones o celebraciones en familia que acaban de madrugada, en las que al final acabas pasando la mirada alrededor de la mesa pensando en la suerte que tienes.

Al momento mágico de compartir un atardecer con alguien o contigo mismo.

A la ilusión de los reencuentros.

Al momento de adrenalina de entrar a la pista del concierto del grupo que llevas meses deseando ver.

Al momento en el que alguien te recuerda algo que pasasteis juntos y que ya no recordabas.

A viajar.

A las canciones que te hacen cerrar los ojos y sentirlas.

A las tardes de cervezas con tus amigos.

A los lugares a los que nunca dejas de volver.

A bailar en ropa interior por la casa con tu canción favorita a todo volumen.

A entenderte con alguien especial a través de un gesto.

A un día o una noche cualquiera en la que no hay fotos ni vídeos pero se convierten en una de tus noches o días preferidos.

A los momentos que te ponen los pelos de punta.

Al poder de un beso de alguien que quieres.

A la sonrisa sincera de un niño al mirarte.

Al momento en el que algo que ansias te sale como quieres y sentir que lo has conseguido.

A cantar a todo volumen en el coche con los tuyos.

Al gesto amable que te regala una persona a la que admiras, sin esperarlo.

Al abrazo que te reconforta.

A decir lo que sientes, y sentir lo que dices.

A la magia de algunos sueños y al saber salir de algunas pesadillas.

A que alguien se acuerde de ti por algo que ha visto o ha vivido.

Al ver crecer a esas personas que quieres junto a ti.

A las lágrimas de emoción.

A la doble vida que mantienes a través de un buen libro.

A las tardes de series y palomitas.

A las noches de verano en cualquier banco y a las noches de invierno con calefacción bajo las mantas.

A las palabras bonitas que se comparten con tus amigos cuando vais ebrios.

A vivir una rutina que te encanta.

Al misterio de conocer lo nuevo.

A las ganas de algo o de alguien.


... y muchas siempre seguirán siendo pocas. Porque todos los días están llenos de momentos que nos llenan hasta el último rincón de nuestro ser, pero muchas veces no lo sabemos ver.
Y es que no hay mejor sensación que dejarte vivir y punto.






"Lo mejor de la vida no se planea,

  simplemente, sucede."